A fondoMundo

Así fue la operación Resolución Absoluta

La incursión en Caracas de la fuerza especial Delta terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores. La operación militar se preparó meticulosamente durante meses, hasta tal punto que el Pentágono construyó en Fort Campbell, en el sur de Kentucky, una réplica a escala real de la Casa de los Pinos -lugar en el cuál se encontraba el búnker de seguridad de Maduro. En esa réplica, las fuerzas especiales estuvieron ensayando el asalto durante meses.

Efectivamente, con la excusa de la lucha contra el narcotráfico, EEUU desplegó en el Caribe una importante fuerza aeronaval con el portaaviones USS Gerald Ford, el más moderno de la flota; el portaaviones USS Geoge Bush, seis destructores, un crucero lanzamisiles, un submarino nuclear, un grupo de asalto anfibio, con un despliegue de 15.000 efectivos y más de 150 aviones de combate. Este dispositivo llevó a cabo desde septiembre de 2024 más de 25 ataques a pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de un centenar de personas asesinadas -la mayoría pescadores de Venezuela y Colombia- y la incautación de, al menos, siete petroleros provenientes de Venezuela.

La incursión táctica

Aparte de estos ataques e incautaciones, el despliegue tenía otra misión fundamental: estudiar la reacción del entorno de Nicolás Maduro antes estas provocaciones que rompían el derecho internacional. Dicho entorno respondía siempre de la misma manera cuando aviones norteamericanos se aproximaban a la costa: el presidente era llevado a un búnker de seguridad dentro del complejo presidencial en Fuerte Tiuna. Este preceder sistemático ayudó a establecer el patrón de vida de Nicolás Maduro, que fue confirmado por un exhaustivo seguimiento satelital y corroborado por agentes de la CIA sobre el terreno, ubicados posiblemente en el barrio antichavista de Alto Prado y Cumbres de Curumo, adyacentes al complejo. Todo este dispositivo ayudó a discernir la localización exacta de Nicolás Maduro en el momento del operativo.

La misión requirió meses de planificación y recopilación de inteligencia. Se cree que en agosto la CIA envió a un equipo de agentes encubiertos a Venezuela. Su objetivo era identificar objetivos y reclutar personas que pudieran brindar ayuda. Además, funcionarios estadounidenses han declarado que contaban con una fuente cercana al anillo de seguridad de Maduro que proporcionó información detallada sobre el paradero del presidente venezolano, lo cual habría sido crucial para la operación. Esta noticia, no corroborada, ha dado lugar a intensas especulaciones y ha fundamentado la teoría de la conspiración interna.

Lo que sí se sabe es que la vida diaria de Maduro era seguida por satélites, drones y observadores desde el terreno. De hecho, la Operación Resolución Absoluta iba a ser realizada cuatro días antes pero fue descartada por las adversas condiciones climáticas. Justo en la noche del 2 de enero, a las 23,30 hora local, cuando un dron furtivo RQ 170 Sentinel que sobrevolaba Caracas a 15.000 metros de altura confirmó que Maduro y su esposa estaban dentro de la Casa de los Pinos, en Fuerte Tiuna, se recibió la luz verde de la Casa Blanca para el inicio de la operación. Inmediatamente, 152 aviones despegaron de 22 instalaciones y portaaviones para iniciar la operación.

Esa noche, unos 200 efectivos de la Delta Force fueron transportados en helicópteros a muy baja cota (unos 30 metros) para que no fueran detectados por los radares. Mientras se aproximaban a la costa, aviones de guerra electrónica EA-18G Growler cegaron los radares venezolanos mediante «ruido blanco digital» e interfirieron las comunicaciones locales durante la incursión. Además, misiles de crucero Tomahawk impactaron sobre bases e instalaciones militares, al mismo tiempo que los F-35 atacaron los sistemas de defensa aérea.

Justo cuando los helicópteros se aproximaban a Caracas se produjo un apagón de la red eléctrica dejando la capital a oscuras y las instalaciones y sistemas militares, sin suministro. Hay varias teorías sobre cómo se produjo el corte de la luz. Algunos especialistas reportan el empleo de bombas de «Apagón» BLU-114/B que dispersan filamentos de carbono que causan cortocircuitos en transformadores y líneas de alta tensión. Aunque también se ha hablado de un ataque del Comando Cibernético de EEUU. El hecho de que esta unidad recibiera un agradecimiento público por su papel en la operación ha dado lugar a especulaciones de que hackers militares estadounidenses se infiltraron en las redes venezolanas con antelación para desconectar la red eléctrica en el momento preciso.

Todos los bombardeos y ataques estaban configurados para lograr un pasillo de seguridad con objeto de que el convoy de helicópteros que transportaba la Delta Force pudiera atravesar el territorio venezolano con garantías de no ser atacado. Parece, además, según algunas fuentes, que el convoy se aproximó a Fuerte Tiuna desde el sur, lo cuál indica que dieron un importante rodeo desde la costa evitado el centro de Caracas, sin embargo este extremo no está confirmado. Lo cierto es que en condiciones de oscuridad total, con muchas instalaciones y sistemas venezolanos neutralizados y destruidos, tanto en Fuerte Tiuna como en los alrededores, la Delta Force desembarcó en la Casa de los Pinos y puso en marcha el asalto que durante meses habían ensayado.

Posibles rutas empleadas en el ataque

Minutos antes del asalto se produjeron diversos ataques sónicos con el objetivo de crear confusión, incapacitar temporalmente a los guardias y evitar una respuesta armada coordinada. En 20 minutos, tras el desembarco, la Fuerza Delta se abrió camino en el edificio asesinando a los guardias de seguridad que protegían al presidente e interceptando al matrimonio justo antes de entrar en el búnker de seguridad.

Una vez apresados Nicolás Maduro y Cilia Flores, fueron encapuchados y esposados. El operativo aseguró la zona y limpió posibles focos de resistencia, antes de despegar y salir del complejo. La operación Resolución Absoluta fue una operación relámpago que duró un poco más de dos horas y que se saldó con la muerte de 47 militares venezolanos, 32 cubanos y 2 civiles, además de 112 heridos. Por parte de EEUU hubo 8 heridos, dos de los cuáles graves.

Incógnitas

Entre las incógnitas más comentadas destaca la ausencia de la fuerza aérea bolivariana en el transcurso de la operación. Ni uno de los cazas venezolanos despegaron. Esto se debió a varios factores. Lo primero que hay que destacar es que de la veintena de cazas Sukhoi Su-30MK2, sólo una decena, como mucho, estaba en condiciones de operatividad, debido a la falta de repuestos, sanciones internacionales y problemas de mantenimiento. A esta circunstancia hay que añadir el bombardeo de las pistas de aterrizaje y la neutralización de la base aérea de La Carlota, el puerto de La Guaira, Fuerte Tiuna y el aeropuerto de Higuerote, así como los centros de control y mando que dejaron las unidades incomunicadas. Por último, aviones radar de EEUU controlaban el espacio aéreo venezolano y interceptores F22 Raptor estaban a la espera para derribar cualquier aparato que hubiera podido despegar en esas circunstancias.

Otra de las preguntas más habituales tiene que ver con el sistema de defensa aérea venezolano considerado hasta principios de 2026 como el más sofisticado de América Latina. Se trataba de un sistema multicapa de tecnología mayoritariamente rusa. Sin embargo, durante la Operación Resolución Absoluta del 3 de enero de 2026, el sistema fue neutralizado casi por completo sin disparar un solo misil efectivo.

La red defensiva estaba diseñada para cubrir diferentes altitudes y rangos: en el largo alcance (a más de 200 km) los misiles rusos S-300VM con capacidad para interceptar aviones y misiles balísticos; en el medio alcance (hasta 45-50 km) misiles Buk-M2E, diseñado para abatir blancos maniobrables como misiles de crucero y aviones de combate a media altura; en el corto alcance (hasta 30 km) los misiles S-125 Pechora-2M, para defensa de puntos estratégicos y bases militares; y finalmente, el sistema Igla-S portátil que se dispara desde el hombro contra aeronaves de vuelo bajo, helicópteros y drones. Todo este sistema estaba coordinado por el Comando de Defensa Aeroespacial Integral (CODAI) que contaba con radares de largo alcance de fabricación china.

La explicación no se sitúa en la ineficacia del sistema, sino en otros factores. Años de falta de repuestos y mantenimiento fueron la causa de que gran parte del sistema no estaba integrado y en perfecto funcionamiento. Por ejemplo, algunos especialistas han señalado que el sistema de radar (de procedencia china) no estaba correctamente enlazado con el sistema de lanzamiento de misiles (de procedencia rusa). Además, el ataque cibernético previo contra la red eléctrica venezolana dejó a los centros de mando y control a oscuras, rompiendo la cadena de mando necesaria para autorizar el lanzamiento de misiles. Se produjo un colapso de las comunicaciones. Finalmente, la saturación de los radares por los aviones de guerra electrónica Growler que los dejó ciegos junto a la presencia de aviones stealth que pudieron entrar en el espacio aéreo venezolano sin que fueran detectados, con ataques a los centros de mando y control y las baterías de lanzamiento, hizo el resto.

Otra de las incógnitas tiene que ver con el factor sorpresa. ¿Cómo es posible que tras meses de ataques a embarcaciones en el Caribe el mando venezolano no se esperara un ataque? Lo cierto es que sí lo esperaban. Sin embargo, EEUU logró la parálisis estratégica desde el inicio, aplicando con éxito la doctrina de los Cinco Anillos de Warden. Warden es un coronel norteamericano de Estado Mayor considerado uno de los mejores especialistas en estrategia militar actual. Para Warden es fundamental lograr la superioridad aérea en cualquier misión y es famosa su frase: «una buena táctica no puede superar una estrategia defectuosa».

La teoría de los cinco anillos defiende un modo de guerra muy diferente al que se conoce convencionalmente y que se dió en las dos guerras mundiales con ejércitos enfrentándose entre sí por el dominio del terreno. Warden, en cambio, defiende que es posible lograr la rendición o anulación del enemigo sin necesidad de reducir a cenizas un país o derrotar por completo a un ejército. Su teoría parte de la detección del Centro de Gravedad del enemigo, teorizado por Clausewitz. Para Warden la victoria se puede conseguir paralizando estratégicamente al enemigo atacando sus centros de gravedad de forma sincronizada. Dichos centros de gravedad son el liderazgo político, los centros de mando y control, las infraestructuras y por último, la población y las fuerzas armadas.

En la madrugada del 3 de enero, durante las dos horas que duró la operación, EEUU logró la parálisis estratégica del estado Venezolano, evitando una reacción inmediata y coordinada.

Otra de las dudas surgidas trata sobre la escasa reacción de las tropas afincadas en Fuerte Tiuna. Es uno de los complejos militares más importante de Venezuela. De una punta a otra hay ocho kilómetros y dentro del mismo hay acuartelamientos y material pesado, como carros de combate, que no llegaron siquiera a arrancar sus motores esa noche. ¿Qué pudo suceder? Primero veamos cómo se organizó el asalto. La Fuerza Delta se dividió en tres grupos, uno de asalto (encargado de la captura del líder venezolano); otro de apoyo (cuya misión era impedir la reacción de las tropas del complejo); y otra de protección de la retirada, que se mantuvo en el aire. Sólo los dos primeros grupos tomaron tierra, a las 2.01 hora local. Se sabe que Maduro llegó al buque anfibio Iwo Jima a las 3.29 y que desde el Fuerte Tiuna los helicópteros tardaron 42 minutos en el traslado. Por tanto, salieron a las 2:47 del complejo. Esto quiere decir que los dos grupos estuvieron en el terreno 46 minutos por lo que se deduce que el grupo de asalto cumplió su misión en unos 20-25 minutos. Los otros 20 minutos restantes esperaron en tierra hasta recibir la orden de despegue, una vez asegurada la ruta de evacuación, por el grupo de protección.

Siendo cierto que en Fuerte Tiuna existe un destacamento de carros de combate, la movilización de los mismos no llegó a producirse esa noche. La rapidez de la operación y la neutralización de los sistemas de mando y control lo impidió. Fuerte Tiuna es un enorme complejo militar de varios kilómetros de longitud y es probable que cuando mandos y unidades alcanzaron la comprensión completa de lo que estaba ocurriendo ya fuera tarde para actuar.

También hay que decir que el factor suerte ayudó a Trump. Tan sólo con que Nicolás Maduro y Cilia Flores hubieran llegado al búnker cinco minutos antes, o que algún efectivo de la Delta Force hubiera causado baja, hubiera trastocado el triunfalismo con qué la Administración Trump presentó al mundo el ataque.

Mucha gente ha planteado si esto lo podría hacer EEUU en otros países, incluso refiriéndose a una posible captura de Putín. La respuesta es evidente. Hay que tener en cuenta que la proximidad de Caracas al Mar Caribe facilitó enormemente la operación. En una capital del interior como es el caso de Moscú es prácticamente imposible que un operativo de esta naturaleza pudiera realizarse.

Hoy vemos cómo el nuevo imperialismo de EEUU ni siquiera busca maquillarse con propaganda respecto a la democracia y los derechos humanos. La supuesta operación contra el narcotráfico se ha convertido, en boca del mismo Trump, en un robo descarado del petróleo venezolano. Desde que Trump, el pasado 28 de noviembre, indultara a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y condenado a 45 años de cárcel por narcotráfico, dejó claro que sus intenciones en Venezuela no estaban motivadas por el color blanco de la cocaína sino por el color negro del petróleo. Para más inri el departamento de Justicia de EEUU, el 7 de enero, anunció la inexistencia del cartel de los Soles. Blanco y en botella. O más bien negro y en barril.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Banner de Consentimiento de Cookies por Real Cookie Banner